Cadaqués

¡Hola de nuevo a todos!

Hoy os propongo una visita a uno de mis lugares favoritos del cual guardo los mejores recuerdos de mi niñez.

Me va a costar hablaros de Cadaqués en castellano puesto que es un post que va más allá de un viaje o de una visita a un pueblo con encanto. Cadaqués, es un lugar muy especial para mí y va directamente atado a todo lo que soy, mis orígenes  y mi lengua materna, el catalán. Hay lugares que te recuerdan una canción, una poesía, una imagen y en mi caso, al amor tan incondicional que le tengo a la tierra donde nací. Cataluña.  Espero y deseo, poder transmitiros lo que significa para mí este maravilloso pueblo pesquero.

Cadaqués es aquel pueblo por el cual mis padres trabajaban duro todo el año para poder pasar todo el mes de agosto en un apartamento típico marinero con vistas a la bahía. Ellos son los culpables de estos bonitos recuerdos.

Aun recuerdo estar dentro del coche e impacientarme cuando veía la fábrica de juguetes (diabólicos) de Fagás. El ver los muñecos gigantes en la carretera significaba que ya quedaba muy poco para las famosas curvas de Cadaqués.

Para que os pongáis un poco en situación, Cadaqués se encuentra en la zona noreste de Cataluña y fue proclamado uno de los pueblos más bonitos de Cataluña. Para que os hagáis una idea de la historia de este pueblo, puedo contaros que fue conquistado por el temido pirata Barbarroja durante el siglo IX y, a día de hoy, aun preserva el encanto del antiguo casco judío construido en época medieval. Otro dato curioso, es que fue un punto de encuentro de los más reputados pintores y escritores como Dalí, Picasso, Josep Pla y García Lorca.

Sonrío al recordar, con especial cariño, como mi madre me ponía las cangrejeras para poder andar por la playa y bañarme. De ahí, cogía piedrecitas y las tiraba al mar para ver donde llegaba la onda. Esa mirada de picardía hacia mi madre mientras mis patitas se helaban por el frío mar.

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Cadaqués es mágico allá por donde lo mires, bien sea por su iglesia distintiva en la foto obligada, por sus callejuelas de paredes blancas o por sus puestecitos hippies. En esos puestos hippies me gastaba todo lo ahorrado durante el año para comprarme los llamados sobres mágicos, donde nunca sabías lo que te iba a tocar y eso era precisamente la gracia.

Andar por sus calles y oler ese característico “olor a mar” que solo los que amamos el mar sabemos distinguir. Esas sardinas a la brasa que reunían a aquellos turistas fieles que dejaban Francia para pasar su verano inolvidable en Cadaqués.

Cada vez entiendo más que Salvador, Dalí, siempre volviera a su llamado “cau”, cueva o refugio” en castellano. Las personas de espíritu inquieto solemos encontrar la paz en lugares como estos, donde la paz de lo sencillo se vuelve imprescindible.

Mis aventuras con el mar se iniciaron en Cadaqués, me apasionaba ver a mi padre como collaba la zodiac en nuestro coche. Eso significaba que el verano empezaba y que pronto bucearía con él por las profundas aguas de la Costa Brava.

Observaba a mi padre atenta mientras me daba las instrucciones para bucear. Erizos, pulpos, corales, morenas y aguas cristalinas ya se quedaron para siempre grabados en mi memoria. Después de esos largos chapuzones, me tumbaba en la parte delantera de la zodiac y me dormía con el ruido del motor mientras volvíamos a la bahía.

Cadaqués es familia. Por esos veranos pasaron mi tía, mis tíos y mis abuelos por parte de madre que en paz descansen. Me cuesta no emocionarme ante tanta nostalgia.

Cuando pasan los años y te haces mayor, miras atrás y te das cuenta de lo muy feliz que fui en momentos como los que os estoy describiendo ahora. La felicidad es aquello que pasa, mientras no nos damos cuenta.

Cadaqués es el final y punto de partida cuando mi mente necesita un cambio o respiro. Es el punto final y el inicio de reflexiones y nuevas etapas.

Me gustaría poder detallaros unos lugares en concreto, pero la gracia reside en que descubráis el encanto de este lugar tan mágico por vosotros mismos. No os quedéis con el Cadaqués del verano con precios impagables, Cadaqués es maravilloso en invierno también con su cielo nublado y tramontana que provocan un ambiente de misterio y nostalgia. Ahí es donde podréis descubrir la esencia de este pueblo.

Solo os aconsejo que disfrutéis de esas maravillosas curvas antes de llegar a la meta, que callejeéis por el que fue el barrio judío  y os deleitéis en el Compartir (solo apto para foodies y dispuestos a rascarse el bolsillo), Es Balconet, Casa Anita o Tiramisú…saldréis fascinados con su comida y marisco.

Por último y no menos importante, no os olvidéis de coger el coche y llegar hasta Portlligat y Cap de Creus. A parte de la casa-museo de Dalí, os sorprenderá el paisaje tan maravilloso que hay.

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El faro de Cap de Creus data del 1853 y es el segundo más antiguo de Cataluña, y es un lugar ideal para ver una de las mejores puestas de sol del mundo acompañada del vientecito tan “fresquito” que provoca la tramontana.

El parque natural de Cap de Creus es espectacular y os prometo que realmente merecen la pena los 15 minutos en coche desde Portlligat. Hay 2 bares – restaurantes en el propio faro y la verdad, es que, como buena curiosa, echando un vistazo en la carta no era caro.

Hace falta que os avise de la intensidad del viento. Pero es divertido intentar hacerse un selfie y salir guapo. ¡os reto a que me mandéis un selfie en Cap de Creus!

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Sin más, espero que os haya gustado este post tan personal para mí y os invito a que conozcáis este lugar.

Enlaces de interés:

http://www.visitcadaques.org/?lang=es

¡Un abrazo y hasta pronto!

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