Costa Brava

Verano 2020.

Esta vez, no será un Bocas del Toro o un Maldivas…pero tal vez, será lo que más necesitaba ahora y lo que más define lo que soy.

Como muchos de vosotros ya sabéis, pasé gran parte de mi infancia en Cadaqués (post específico) pero eso fue hasta la llegada de mi otra mitad. Mi yang, mi parte racional, mi hermano pequeño. Él nos trajo nuevas ilusiones y ganas de compartir lo que no era compartido.

Calella Palafrugell

Playa Calella Palafrugell

Calella es la fotografía ideal para recrear un pueblo de pescadores, calitas abruptas sin mucho esfuerzo y la fusión perfecta entre lo permitido económicamente y el gusto por lo selecto. Es acogedor e intenta preservar al máximo lo que fue.

Mis padres, con mucho esfuerzo, buscaron el mejor apartamento que podía haber en Calella de Palafrugell. No era el más nuevo ni el más bonito pero lo teníamos en la plaza de Port Bo o de las barcas, en frente al mar, viendo las habaneras en primera fila, con la mejor taberna de erizos debajo y al lado de “l’anxoveta” donde ya las baguettes costaban 1 euro y la crema de los “chuchos” desbordaba.

Plaza Port Bo, Calella Palafrugell

Recuerdo con cariño la avenida del mar de Palafrugell a Calella llena de árboles y cipreses que significaban el principio de mi verano. Extraño a mi padre en búsqueda de aparcamiento y nuestra cara de póker cuando conseguíamos aparcar en la peor de las cuestas o más allá del Hotel Alga. Nos tocaba andar, sí, pero la recompensa de bucear viendo a mi madre cuidar de mi hermano, que por aquel entonces llevaba pañales, en el balcón…no tenía precio. Libertad vigilada la llamaba yo.

Qué genial era ese caminito de Calella a Llafranc, mis mallas rosas, mi gorra al revés, mi frigopie y ya por aquel entonces me planteaba si de mayor iba a recordar esos veranos. Esos acantilados con pinos entre rocas, aguas cristalinas, zodiacs buscando la mejor calita escondida y yo…disfrutando de cada segundo como si fuera el último. Si algo recuerdo con nostalgia eran las horas de buceo con mi padre, con él aprendí a regular la respiración bajo el agua, con él vi a la primera “morena” y al primer pulpo enroscado en su mano. También, recuerdo esas mañanas tempranas en donde no había nadie en la playa y poníamos al pequeño en un flotador y mi madre me cogía en sus brazos mientras yo hacía el muerto y me decía que era su sirena. Qué buenos eran esos findes donde pasábamos de gastarnos una pasta en los restaurantes a primera línea de playa y nos íbamos a los Tinars a comer. Eso era felicidad y todavía no era consciente de ello.

Aquellos días de agosto donde llegaban las habaneras con “ron cremat” congregaban a todos los franceses de Cadaqués y los “pixa pins” subían a ver que se cocía. Gracias, papá y mamá por hacernos crecer viviéndolo todo, sin dejarnos ningún detalle.

Begur, Pals y Peratallada

Después de quedarme a gustito a nivel nostálgico con Calella, no podía olvidarme de las 3 joyas que datan más allá de la época medieval. Estos tres pueblos mágicos han formado parte de mi verano 2020 y me han recordado lo que visitaba cuando mi cuerpo inquieto ya tenía suficiente de sal, agua y sol.

Begur

En el caso de Begur, aun se preservan restos de su castillo (originario del siglo XI y propiedad del que dió nombre al pueblo, Arnust de Begur), su muralla y las torres de vigilancia contra los ataques piratas que hacen trasladar la mente a épocas remotas.

Sin embargo, para mí, lo mejor es pasearse por el casco viejo y ver las casas señoriales de indianos construidas durante el siglo XIX por los propios habitantes que por aquel entonces iban y venían de las Américas. Las casas de indianos tienen una clara referencia a Cuba por su arquitectura, diseño y color. Es una maravilla perderse por sus callejuelas y después tomarse algo en la plaza central. Eso sí, los hoteles en concreto son carísimos pero es verdad que suelen estar reformados, decorados con muy buen gusto y no les falta ningún tipo de detalle.

Hotel con exterior colonial, Begur

Por otro lado, Begur y alrededores gozan de varias calas/playas con mucho encanto que no os las podéis perder;

Sa Riera, Begur

Sa Riera (playa de Begur): Ha sido mi gran descubrimiento puesto que en mi última escapada a la Costa Brava me he alojado en Sa Riera. Os recomiendo sin duda el Hostal Ses Negres (referencia a Punta Ses Negres) que fue adquirido a finales 2018 manteniendo el exterior marinero pero remodelado totalmente por dentro con mucha mayor accesibilidad para todo tipo de personas y con el toque de Marta Tobella (interiorista) que supo darle a nivel espacio y decoración un valor añadido a este hostal de 2* que hará que os enamoréis de él nada más verlo. Además, al estar a pie de playa, tienen un espacio para desayuno y comidas que hacen tu estancia sea inmejorable con esas vistas. La calidad de su oferta gastronómica está genial y en la línea de los precios que hay por la zona. Gracias Celia y a todo el personal por el exquisito trato y profesionalidad.

También, os recomiendo, sin duda alguna, que visitéis estas calas/playas pero ya dependéis un poco más del aforo en verano: Cala Sa Tuna, Aiguafreda, Illa Roja, Platja del Racó, Platja Fonda, Aiguablava, Fornells, S’Eixugador. La vegetación, las aguas cristalinas de gran parte de ellas no os dejarán indiferentes. Son una maravilla para los que nos gusta bucear.

S’Eixugador

A nivel restaurante gastronómico en Begur os aconsejo ir a “Diferent Restaurant”. Productos de proximidad, cocina de autor y pasión por haceros disfrutar una experiencia que despertará todos vuestros sentidos. No es barato pero merece la pena.

Pals

Pals

El buen estado de preservación de Pals se debe a la labor de un médico local que, después de que el pueblo hubiese sido descuidado durante años, tomó la iniciativa de restaurarlo. Gracias a su labor, en 1973 el pueblo de Pals fue declarado como Lugar de Interés Histórico. No sé si lo sabéis pero el nombre de Pals proviene del latín “Palus” que significa “terreno pantanoso”. Y fue un gran acierto ya que la misma esta rodeada por estanques y pantanos.

Por este claro motivo, Pals es bien conocido por su tradición arrocera y es prácticamente obligado para aquellos que os guste el arroz tanto como a mí, que probéis el arroz a la cazuela de Pals entre otras cosas. A nivel restaurantes os recomiendo sin duda el Restaurant El Pedró cocina muy buena, staff simpático y se adaptan con varios menús y opciones para celiacos.

Otro detalle que no podéis pasar por alto es subir al mirador de Pals, alcanzaréis a observar unas vistas panorámicas de las Islas Medas, el Macizo del Montgrí, Canigó y la Sierra de Albera. 

Por último y a nivel actividades (de abril a octubre), os dejo el enlace de la empresa “Xiulet de Pals”.

  • tour por los campos de arroz con tren
  • visita al molino que lleva en funcionamientos desde XV y durante la visita del mismo incluye demostraciones.

Peratallada

Mi favorito de los tres. Si alguna vez os habéis preguntado si existe algún pueblo medieval por excelencia o de cuento de hadas…este es Peratallada.

El origen de su nombre viene literalmente de lo que es un pueblo construido sobre la “piedra tallada”. Un pueblo en el que se prohibió construir edificios nuevos incluso antes de que fuera declarado Conjunto Histórico-Artístico.

Tal vez, Peratallada es, de los tres, el que reúne más cosas o detalles a saber. No voy a ponerme intensa relatando cada parte del pueblo pero sí que voy a nombrar lo que, bajo mi punto de vista, es imprescindible ver.

Calle y Arco d’En Vas
  • Calle d’En vas: a parte de ser una de las arterias principales del pueblo, al principio del mismo veréis su arco de piedra y sus muros recubiertos de hiedra. Tiene tal encanto que aunque vayáis fuera de temporada siempre será complicado hacerse una foto solo. Pasando por debajo de ese arco llegaréis a la Torre Oeste, la única que es completamente original de la Edad Media (exceptuando algunas almenas).
Plaza de las Vueltas, Peratallada
  • Plaza de las vueltas: lugar donde antiguamente se hacía comercio en Peratallada. El acceso a la misma, en una de las partes, es a través de arcos en donde actualmente se ponen mesas de los bares o puestecitos. Los arcos son el motivo del nombre que tiene la plaza. Es muy acogedora y a día de hoy, la gran buganvilla en uno de los lados de la plaza acaba de dar el toque mágico de cuento.
Extrema de la Plaza de los Esquiladores
  • La Plaza de los Esquiladores: Se llama así porque al parecer un par de décadas atrás venían los llamados gitanos catalanes de la zona y esquilaban a las ovejas dos veces al año. Según cuentan los guías locales, se ve que era todo un espectáculo. No obstante, cada rincón de la plaza está devorado por hiedras y flores que os llevarán a colaros por las callejuelas más estrechas del pueblo.
Plaza pintoresca del castillo
  • Plaza del castillo y el castillo de Peratallada: el acceso a la misma no puede ser más pintoresco. Las partes más antiguas del castillo datan del XI y es muy curioso ver como la torre del castillo parte de una base de roca recia y los patios que la rodean.
  • Calle de la roca: calle en donde se ve claramente como el pueblo esta construido sobre rocas y donde se puede ver la huella de los carros de caballos a lo largo de los tiempos. Yo no sé como se lo hacían, la verdad. De tacones nos olvidamos.
  • Iglesia románica de San Esteban: la iglesia queda como a parte de lo que es el pueblo en sí. No obstante, y aunque tal vez no sea la iglesia románica más bonita que hayáis visto…su rosetón, simpleza románica y su preservación, hacen interesante visitarla.

A nivel restauración, como restaurante gastronómico innovador, con explosión de sabores, ubicado en un sitio precioso, con cocina de autor y del cual os iréis sin sensación de hambre…L’Eixida Restaurant Gastronòmic. Es un claro restaurante para premio gastronómico.

Para irme despidiendo ya y no quedarme solo con estos restaurantes que os he nombrado específicamente…os mencionaré mis top 5 de la otras zonas de la Costa Brava:

Espero que os haya gustado el post y ya sabéis, ¡a disfrutarlo antes de que se acabe la temporada!

Abrazos,

N.